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La wertud maquiaveliana. El príncipe como centauro

Diego Rossello


Escribir hoy sobre Niccolò di Bernardo dei Machiavelli no es una tarea fácil. La diicultad no reside, sin embargo, en los siglos que nos separan de su Florencia natal, ni en el carácter desaiante e iconoclasta de su pensamiento. Tampoco en la supuesta tensión no resuelta, importante por cierto, entre el republicanismo de los Discorsi y el personalismo de Il principe. Menos aún en la proliferación de Maquiavelos: el científico; el humanista; el maestro del mal; el aglutinador de una voluntad nacional y popular; o, incluso, el estratega del liderazgo inventado en las escuelas de negocios. La proliferación de Maquiavelos no tiene por qué ser un problema para una teoría política agnóstica frente al imperativo de la simplicidad o parsimonia explicativa. Para la teoría política que aquí nos interesa, atenta a la multiplicidad y la pluralización, no siempre less is more, ya que tras dicho imperativo, hostil al exceso y al desborde, subyace un ideal ascético que puede restringir las posibilidades de lo pensable.

Sugerimos entonces que menos no es más, he aquí la dificultad, porque las versiones de Maquiavelo disponibles contribuyen a cerrar el paso a otro Maquiavelo posible. Encontramos que este Maquiavelo, al que de aquí en más denominaremos wertuoso, se halla esbozado en una serie de alusiones al autor de El Príncipe en los escritos tardíos de Jacques Derrida. Estas alusiones, más allá de su carácter fragmentario y provisional, invitan a una consideración más detallada del bestiario maquiaveliano, en particular de la figura del centauro. De tal modo, el presente trabajo añade un Maquiavelo más a la lista, pero lo hace con la sospecha de que este logra interpelar críticamente a (por lo menos) dos de los Maquiavelos canónicos: el científico y el humanista. Desde la perspectiva de la wertud maquiaveliana aquí propuesta, el debate entre el supuesto precursor de la political science y el representante del humanismo tardorromano renacentista se asemeja a una conversación entre amigos con desavenencias menores. Más que un debate, ciencia y humanismo se presentan como dos polos de un continuo que la wertud aquí propuesta acude a interrumpir y discontinuar.

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